Volcan Lanin

Ascenso al Volcán Lanín

¿Cómo alcanzar la cumbre del Volcán Lanín a 3776 msnm? Una travesía exigente que desafía al cuerpo y la mente en la Patagonia Argentina.

La adrenalina recorre el cuerpo, se apodera de él con cada giro de las ruedas del colectivo. San Martín de los Andes va quedando atrás en la ruta. Cuarenta kilómetros hacia el norte se encuentra Junín de los Andes. Sesenta y nueve kilómetros más y el primer objetivo se concreta: el Paso Tromen y la oficina del Parque Nacional Lanín, recibe a los montañistas.

Pasadas las diez de la mañana, una vez recibida la aprobación del guarda parque, empieza la caminata. Está todo listo para emprender este gran desafío: trepar hasta la cumbre del Volcán Lanín, ícono del sur de nuestro país. Tarea que implica dos días de mucha exigencia, tanto física como mental.

Lago Tromen
El Lago Tromen desde el Refugio B.I.M. (Edu Miotti)

Unos pocos pasos son suficientes para llegar a la tranquera que da la bienvenida al bosque de lengas. El primer tramo –el más corto del recorrido– es precioso. Un sendero de tierra cubierto por las copas de estos árboles típicos de la Patagonia. Al cruzar el arroyo, culmina el bosque y se hace presente la base del volcán, a 1275 metros sobre el nivel del mar.

Es en este momento cuando se pone agreste el paisaje. Tras un campo gigante de roca volcánica, que data de la última erupción, comienza la llamada Espina de Pescado. Y con ella, la pendiente. La cima, completamente nevada se posa justo en frente. La emoción va en aumento.

El “Paso de Mula”, es el próximo escalón a subir.  Ahí es donde asoman los primeros manchones de nieve. El desnivel aumenta y las vistas de los cerros nevados van poblando la visión. Sobran los motivos para seguir avanzando, paso a paso sobre el blanco suelo.

Merodeando las tres de la tarde –tras cinco horas de caminata–, se produce el arribo al área del refugio B.I.M. (Batallón de Infantería de Montaña). Una opción es dormir ahí, en alguno de los domos o seguir camino hasta el refugio C.A.J.A. (Club Andino de Junín de Los Andes). En el primero, culmina el primer día de travesía.

Refugio caja en volcán Lanín

Es de suma importancia comer e hidratarse muy bien. Dentro de uno de los domos, es posible cocinar y rellenar de agua las cantimploras. Mateo, el encargado del refugio, da las indicaciones correspondientes para el uso correcto del lugar y anuncia que al día siguiente se espera un clima óptimo.

Desde un palco alucinante, llega el almuerzo. El lago Tromen, rodeado de picos nevados, bendice la mesa. Los comensales prefieren no parpadear, todos quieren quedarse con este paisaje grabado hasta la eternidad. ¿El postre? El vuelo de dos cóndores sobre las montañas de enfrente.

Aunque el cuerpo sólo piensa en descansar, todavía queda una actividad imprescindible. Es hora de practicar auto-detención usando la piqueta, para prevenir accidentes mayores en caso de caídas en el hielo. Así como también resulta necesario, probar los grampones y ajustarlos a la medida de la bota para utilizarlos correctamente horas más tarde.

Para intentar el ascenso al Volcán Lanín, es necesario contar con todo el equipo exigido por Parques Nacionales.

Con una cena tempranera e hipercalórica y el armado final de la mochila (subir liviano dejando lo más pesado en el domo, es lo más recomendable) culmina la primer jornada. Simulando un juego de tetris dentro de uno de los domos, los huéspedes se van a descansar.

A las 2:30, en plena madrugada, suena el despertador. Tras la puerta, florece la luna. Llena, amarilla, radiante. Un buen augurio palpitando lo que está a punto de suceder.

Lo primero del día es desayunar. Los bocados de ansiedad se agolpan con los mates y el pan. Mientras tanto, los músculos, inquietos, esperan por la exigencia física que implica alcanzar el objetivo. Con los grampones y bastones listos, comienza el desafío.

Sobre el casco, la linterna encendida va marcando dónde es más conveniente clavar los pies. La luna llena ayuda a iluminar en la helada noche. Cada movimiento demanda mucho esfuerzo. Durante la trepada, es necesario detenerse varias veces. A renovar oxígeno, a tomar un poco de hielo del piso –el agua de la mochila está congelada–, y también a admirar el lugar donde se posa el alma en esta mañana sin par.

Mientras los metros ascienden, zigzagueando por una de las caras del volcán, la vista panorámica mejora y mejora. Una gigantografía imponente se apoya sobre los ojos, sostenida por la belleza infinita.

El frío y el viento se hacen sentir. Intentan voltear las esperanzas de los montañistas. A estas alturas, pienso que nada me puede detener. Ver el punto exacto donde estoy parado, es una inyección anímica que empuja y empuja hacia la cima. La nieve se va poniendo cada vez más dura, señal de que hay que cambiar bastones por piquetas.

Acercándose las seis de la mañana, comienza a aclarar el cielo. De frente a la montaña, detengo la marcha para contemplar lo que ocurre a mis espaldas. La línea del horizonte juega entre naranjas y rosas, rojos y violetas. A la izquierda, la luna llena, gigante, aparenta estar a punto de rebalsar su propia circunferencia. A la derecha, una esfera de fuego emerge desde lo profundo del amanecer.

A pesar de las ráfagas de viento, que se vuelven insoportables, el ascenso continúa. Con mucho coraje, pisando a fondo. Piqueta, grampón, grampón, piqueta. La secuencia se repite, con fuerza.

Y de repente, aparece la cima. El cráter del volcán cubierto por el hielo y la nieve. El glaciar se hace presente, explotando de felicidad. 

Los 3776 m.s.n.m. están bajo las suelas.

¡Acá está la cumbre! Objetivo logrado. Sueño cumplido.

El descenso es una fiesta, a puro “culipatín”. Riendo a carcajadas por el éxito alcanzado.

En la cima del volcán Lanín, alcanzada en equipo con Lucas Ledezma y Edu Miotti

 Requisitos para el Ascenso:

El ascenso al volcán Lanín es una actividad exigente, para lo cual es necesario tener un estado físico adecuado. Así como también es fundamental subir con guía especializado en caso de no tener conocimiento de montaña. Al llegar al Centro de Información del Parque Nacional Lanín, será indispensable cumplir con todos los requisitos exigidos para ser autorizado a emprender el ascenso hacia la cumbre.

Equipamiento obligatorio para el ascenso hasta la cima por la cara norte (Tromen): casco, grampones, piqueta (con una longitud suficiente para ser utilizada como bastón), bastones, mosquetones, radio VHF con batería adicional, botas impermeables, abrigo de montaña –campera de nieve, polar, remera y calza térmica, pantalón impermeable, polainas, guantes, gorro–, lentes de sol con protección U.V. 400, linterna frontal con batería de recambio, botiquín grupal de primeros auxilios (con vendas, gasas y apósitos), bolsa de dormir (con un rango de temperatura de por lo menos -5°), colchoneta aislante, dos litros de agua como mínimo por persona. Es fundamental el uso de protector solar.

En caso de querer subir en época invernal, es obligatoria la utilización de ARVA, pala y sonda.

El registro correspondiente al ascenso es obligatorio y gratuito. Se hace de forma online en www.pnlanin.org y con él te asegurás una plaza para dormir en alguno de los refugios o en carpa. La capacidad diaria de visitantes en la montaña es de 80 personas.

Un factor fundamental a la hora de emprender el trekking por esta montaña, es el clima. “Si las condiciones no son favorables para el ascenso, no lo intentes, la montaña siempre estará ahí…”, reza un cartel de madera a un costado de la vía. El éxito en el ascenso, sólo es posible si se respeta la naturaleza.

Se recomienda que en el paso del bosque de lengas, se transite únicamente sobre los senderos. Caminar por atajos produce erosión del suelo a largo plazo. Es menester primordial, regresar con todos los residuos producidos. Es nuestra responsabilidad, la conservación del lugar.


Leandro Blanco Pighi

@viajero_intermitente

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 comentarios